Los hermanos Lyle y Erik Menéndez, condenados a cadena perpetua por el asesinato de sus padres en 1989, comparecerán a partir de este jueves ante una comisión judicial que deberá decidir si acceden a la libertad condicional.
El caso, que estremeció a Estados Unidos a finales de los años ochenta y se convirtió en uno de los juicios más mediáticos de la década de 1990, vuelve ahora a la atención pública.
Los hermanos, que tenían 21 y 18 años al momento del crimen, asesinaron a sangre fría a sus padres, José Menéndez, un poderoso empresario musical de origen cubano, y su esposa Kitty, mientras estos veían televisión. Dispararon en repetidas ocasiones, recargaron el arma y finalmente mataron también a su madre.
En un inicio intentaron desviar la investigación culpando a la mafia, pero fueron arrestados luego de que Erik confesara los hechos a su terapeuta.
Durante el juicio, la defensa alegó que los jóvenes actuaron tras sufrir años de abuso psicológico y sexual por parte de su padre, así como la negligencia de su madre. Sin embargo, la Fiscalía sostuvo que el crimen fue premeditado con el objetivo de heredar una fortuna multimillonaria.
Un primer jurado no alcanzó un veredicto, pero en un segundo juicio ambos fueron condenados a cadena perpetua sin derecho a reducción de pena.
El proceso de revisión
Tras más de tres décadas en prisión, los hermanos obtuvieron en mayo una victoria legal, cuando un tribunal alivió los términos de su sentencia y abrió la posibilidad de optar a la libertad condicional.
La decisión está ahora en manos de una comisión del Departamento de Servicios de Correcciones y Rehabilitación de California, que deberá evaluar si los hermanos muestran arrepentimiento y si representan un riesgo para la sociedad.
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Erik Menéndez, de 54 años, comparecerá este jueves por videoconferencia desde la prisión de San Diego.
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Lyle Menéndez, de 57 años, lo hará el viernes.

